04/02/2021
🦷🐹 🐹🦷
📔CUENTO. 📔
Pepito Pérez 🐹era un pequeño ratoncito de ciudad que vivía con su familia en un agujero de la pared en un gran edificio, que en el tercer piso habían puesto una clínica dental.
A partir de entonces el ratoncito subía todos los días por la mañana y pasaba largas horas contemplando el trabajo de la doctora👩⚕️ de la clínica. Todos los días hacía lo mismo: subía y se quedaba mirando y aprendiendo. A veces incluso, apuntaba lo que podía en una pequeña libreta de cartón.
Así comenzó a conocer algunos secretos para aliviar el dolor de los dientes, y muy pronto comenzó a practicar aquellos conocimientos con su propia familia. Con el paso del tiempo, la fama del ratoncito Pérez 🐹se fue extendiendo entre los ratones, que venían de todas partes para que los curara.
Ratones de campo con una bolsita llena de comida, ratones🐹 de ciudad con sombrero y bastón, ratones pequeños, grandes… Todos querían que el ratoncito Pérez les arreglara los dientes y les aliviara el dolor de muelas.
Sin embargo, al cabo de un tiempo también comenzaron a llegar los ratones ancianos con un gran problema. No tenían dientes pero querían que el ratoncito Pérez🐹 les ayudara para poder comer turrón, nueces y almendras, como hacían cuando eran jóvenes. El ratoncito Pérez🐹 pensó en cómo podía ayudar a estos ratones que tanto confiaban en él, pero no se le ocurría ninguna solución.
Así que, como solía hacer cuando tenía una duda, subió a la clínica dental a mirar. Allí vio cómo la doctora le ponía unos dientes muy bonitos a un anciano. Sin embargo, esos dientes no eran naturales sino que los hacían en una gran fábrica para los dentistas. Entonces, cuando ya se iba a casa, apareció en la clínica un niño con su mamá. El niño quería que la doctora👩⚕️ le quitara un diente🦷 de leche para que le saliera rápido el otro diente más fuerte y grande.
La doctora así lo hizo👩⚕️, se lo quitó y luego se lo dio como recuerdo. Entonces, el ratoncito Pérez encontró la solución:
– Iré a la casa de ese niño y le compraré el diente – pensó.
Ni corto ni perezoso, lo siguió por toda la ciudad y cuando por fin llegó a la casa el ratoncito Pérez 🐹 espero a que anocheciera y todos se fueran a la cama, para entrar en la habitación del niño. Así comenzó a buscar el diente pero por más que buscaba no lo encontraba ya que el niño se había quedado dormido mirando su diente y lo había dejado debajo de su almohada. Al pobre ratoncito Pérez le costó mucho encontrar el dientecito, pero finalmente, cuando casi se daba por vencido, se sentó en la cama y vio que algo sobresalía: ¡Era el diente!🦷
Lo tomó cuidadosamente y para que el niño no se pusiera triste cuando se despertara y no encontrara su diente, le dejó la moneda. A la mañana siguiente el niño vio el regalo y se puso contentísimo y se lo contó a todos sus amigos del colegio.
Así, el Ratoncito Pérez🐹 consiguió que los niños estuviesen contentos y que los viejos ratones pudiesen volver a comer. Y a partir de ese día, todos los niños dejan sus dientes de leche debajo de la almohada. Y el ratoncito Pérez🐹 los recoge🦷 y les deja a cambio unas monedas o un regalo. ¿Te gusto este cuento? ¡compártelo!.
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