24/08/2026
A veces leo publicaciones de pediatras sobre niños que lloran en consulta y pienso: “Si supieran lo que vivimos los odontopediatras…” 😅
Y no lo digo como crítica. Los pediatras y odontopediatras compartimos algo muy importante: un niño que llora no necesariamente es “culpa del odontopediatra”
La diferencia es que muchas revisiones pediátricas pueden hacerse rápidamente y regresar al pequeño a los brazos de mamá.
En odontopediatría no siempre es posible.
Hay tratamientos que requieren tiempo, precisión, anestesia, instrumental y que el niño permanezca en una posición determinada. No podemos simplemente detenernos cada momento y decir: “Ya terminó”.
Por eso, mamás, que su hijo llore en el dentista no significa automáticamente que lo estemos tratando mal.
A veces significa que está enfrentando algo difícil.
Nuestra responsabilidad es acompañarlo, hablarle con respeto, darle seguridad y realizar el tratamiento con la mayor paciencia, destreza y humanidad posible.
Porque llorar no siempre significa sufrir, y estar tranquilo no siempre significa que todo está bien.
Nuestro objetivo no es que los niños nunca lloren.
Es que, cuando tengan miedo, no estén solos. 💚🩵
Y que al terminar puedan pensar:
“Lo logré.” 🥹
La ansiedad por la separación suele aparecer entre los 6 y los 8 meses y desaparece aproximadamente a los 2 o 3 años.
Es una condición variable, algunos niños casi no la tienen. Otros, al llegar a la consulta se portan como el michi cuando lo quieres meter a bañar.
Lo que pasa es que el niño a esa edad no entiende que yo no me lo voy a llevar… y no se lo podemos explicar.
Por eso, habiéndose portado como angelito durante 7 meses, de repente se pone como Chuky.
Intenta, con todo lo que tiene regresar a los brazos de mamá o de su figura de apego.
¿Qué podemos hacer?
Revisarlo rápido (pero bien), y devolverlo de inmediato a los brazos de mamá. Intentar calmarlo con explicaciones y distracciones en ese momento, resulta tan inútil como pedirle al gato que se deje bañar muy quietecito y que porfa no rasguñe.
No funciona.
No obstante, al terminal de revisarlo, el pequeño deja de llorar, se abraza a mamá, a su peluche y me mira con los ojos muy abiertos.
Al final de la consulta, la despedida es importante: no solo me despido de papá y mamá; también del niño, porque:
funciona como un ritual de transición predecible.
Aunque no existen estudios específicos sobre la despedida del pediatra, la evidencia sobre apego y ansiedad de separación indica que las despedidas claras, breves y consistentes ayudan al niño a anticipar el final de una situación y a aprender que las separaciones son temporales y terminan con el reencuentro con sus figuras de apego.
Por eso, es que insisto en despedirme del bodoque con una sonrisa y mirándolo a los ojos.
Citas en Torreón: 871 113 6695