01/09/2026
Perdiste el trabajo, te rompieron el corazón, te traicionó quien menos esperabas o viste cómo años de esfuerzo se fueron a la basura.
Dolió. Mucho. Y tienes todo el derecho de sentir que el mundo se te vino encima.
Pero hay una verdad brutal que la mayoría prefiere ignorar para seguir sintiendo lástima de sí mismos: mientras la puerta que se cierra no sea la del ataúd, uno puede volver a empezar cuantas veces sea necesario.
Fracasar no te destruye; lo que te destruye es quedarte sentado llorando sobre las ruinas creyendo que tu historia ya terminó.
El dolor es inevitable, pero seguir haciéndote la víctima cuando todavía estás respirando no es mala suerte... es cobardía.