25/10/2025
hagamos reflexión para obtener un cambio
Sanctórum es grande
Por Frank Israel García
Sanctórum de Lázaro Cárdenas es una tierra noble, trabajadora y profundamente solidaria.
Quienes recorren sus calles, sus campos y sus comunidades, pueden reconocer de inmediato el esfuerzo cotidiano de su gente, hombres y mujeres que se levantan temprano para labrar la tierra, comerciar sus productos o viajar a otras ciudades en busca de oportunidades.
Somos un pueblo que no se rinde, pero también uno que exige ser escuchado y atendido con dignidad.
En los últimos años, he tenido la oportunidad de conversar con productores, maestras, comerciantes, madres de familia y jóvenes estudiantes que comparten una preocupación común: el abandono institucional que nos daña a todos.
Las promesas llegan cada trienio, pero los servicios básicos siguen siendo deficientes.
Las calles se deterioran, los caminos rurales y las calles se llenan de baches, el agua escasea en temporada crítica, y el empleo formal sigue siendo escaso.
Sin embargo, Sanctórum también tiene un enorme potencial de desarrollo. Somos una puerta estratégica entre Tlaxcala y Puebla, así como estado de México e Hidalgo, con un corredor agroindustrial que podría detonar inversión, si existiera visión, planeación y transparencia.
Tenemos recursos naturales, una comunidad educativa comprometida y, sobre todo, un capital humano valioso: nuestros jóvenes. Pero si no se les ofrecen oportunidades para formarse y emprender, ese talento se desperdicia o, peor aún, se marcha.
Desde mi visión humanista, la que inspira los principios de Acción Nacional, creo que el desarrollo no puede medirse sólo en cifras, sino en el bienestar de las personas. Gobernar es servir, no servirse.
Se trata de construir comunidades solidarias, donde la participación ciudadana sea el motor del cambio, y donde cada decisión pública se base en valores éticos: honestidad, responsabilidad y bien común.
Lo que hoy necesitamos en Sanctórum es un nuevo pacto social de confianza, que ponga al ciudadano al centro de las decisiones. Las autoridades deben dejar de ver al municipio como un botín político y empezar a entenderlo como un espacio de vida compartida.
La infraestructura debe planearse a largo plazo, las finanzas deben transparentarse, y los programas sociales tienen que dejar de usarse como herramienta de control político.
El actual régimen estatal ha insistido en centralizar decisiones y en usar el poder para dividir, en lugar de sumar. En Tlaxcala, la narrativa de la transformación ha quedado en discurso, mientras los problemas locales, como la inseguridad, el desempleo, la falta de agua o el deterioro de los caminos, siguen sin respuesta.
Pero desde la oposición responsable, debemos construir una alternativa real, que no se base en la crítica vacía, sino en propuestas claras y en resultados medibles.
Sanctórum necesita recuperar la confianza en sus instituciones. No lo lograremos con improvisaciones ni con promesas populistas, sino con planeación técnica, sensibilidad social y trabajo en equipo.
La grandeza de nuestro municipio está en su gente, y si logramos unir esa fuerza con visión y valores, estoy convencido de que podemos escribir una nueva etapa para nuestra comunidad. Ya es tiempo de ello y el año 2027 no debe ser un punto de llegada, sino un punto de partida para la transformación de nuestro municipio.