19/03/2026
Perder un diente no es solo un problema estético.
Cuando falta un diente, el resto de la boca empieza a adaptarse… pero de forma negativa:
Los dientes vecinos se mueven hacia el espacio y el de arriba/abajo puede “bajarse” o “subirse” buscando contacto. Esto desacomoda la mordida.
Se altera la forma de masticar y es común sobrecargar otros dientes, lo que puede causar desgaste, fracturas o sensibilidad.
Con el tiempo, el hueso donde estaba el diente se reabsorbe (se pierde volumen), lo que puede cambiar el soporte de encías y labios.
Puede afectar el habla, la higiene (se acumula más comida) y aumentar el riesgo de caries y problemas de encías en los dientes cercanos.
Y sí: también impacta la confianza al sonreír… pero sobre todo, la función y la salud a largo plazo.
Reponerlo a tiempo (con implante, puente o prótesis, según cada caso) ayuda a mantener la mordida estable, proteger tus dientes y preservar el hueso. ✅
Si tienes un diente ausente, lo ideal es valorarlo pronto para elegir la mejor opción para ti.
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