17/10/2026
¡Pueblo de México, hermanos del mismo dolor y del mismo paracetamol!
Hoy no vengo a aburrirlos con el típico rollo de campaña, ni a colgarme de un podio con luces de neón. Vengo a hablarles con la receta en la mano y la cartera vacía sobre el verdadero héroe nacional, el único que no necesita una consulta popular para saber que nos duele la panza:
¡nuestro amado, rechoncho y milagroso Doctor Simi!
¡Miren nada más esa estampa monumental!
Ahí lo ven en la imagen, con su bigotazo de algodón y su bata que sí está limpia, haciendo más ejercicio que un atleta olímpico. El pobre viejo está cargando, a pura fuerza de brazo y puro "Simibaile", los escombros de lo que el gobierno nos dejó caer.
Mientras en los discursos oficiales nos pintan una realidad de seda, el Dr. Simi sostiene los hospitales que la "Cuarta Transformación" y sus herederos dejaron en obra negra.
¡Qué belleza de recuerdos nos dejaron!
¿Se acuerdan cuando nos juraron amor eterno desde el micrófono? Nos dijeron que ya no tendríamos que envidiarle nada a los europeos.
¡Andrés Manuel nos prometió que viajaríamos en el transatlántico de la salud y que ya éramos Dinamarca! Pero yo les pregunto a ustedes, que se han aventado sus buenos maratones de ocho horas formados en la banqueta:
¿dónde están los vikingos de la medicina? ¿Dónde está el salmón noruego? Porque lo único "nórdico" que vemos al cruzar la puerta del hospital público es el frío glacial de las salas de espera, la congeladora de las citas para el próximo año y el hielo con el que nos atienden cuando exigimos una gasa.
¡Nos recetaron puros cuentos de hadas escandinavas mientras el Dr. Simi nos daba la medicina de verdad!
El gobierno maneja miles de millones de pesos; un río de dinero que, mágicamente, se evapora antes de llegar a la farmacia del IMSS, ISSSTE O IMSS BIENESTAR.
Tienen oficinas de lujo, spots de televisión interactivos y un ejército de propaganda que te jura que todo está perfecto.
Pero esas millonadas no se convierten en camas, ni en reactivos, ni en médicos especialistas. Se van en el agujero negro de la CORRUPCIÓN, porque parece que la estrategia es clara: entre más jodida y dependiente esté la gente, Para ellos, la salud es un negocio que les reditúa solo a ellos; para el Dr. Simi, es atender a su pueblo.
Y hablando de circos de 4a, ¿ya vieron el último acto de magia de Claudia?
Resulta que ahora le dio por salir en la televisión y en sus redes, muy digna ella, a decirnos que anda recorriendo "todo el país" para verificar si hay abasto de medicamentos.
¡Háganme el favor! Se arma toda una producción de cine, con fotógrafos, cámaras de alta definición y un séquito de aplaudidores, solo para fingir que le importa que no haya gasas en los hospitales. Pura puesta en escena, pura foto para el recuerdo mientras las clínicas siguen vacías.
¡Pero qué diferencia con el Doctor Simi! Él no necesita armar espectáculos teatrales, ni convocar a la prensa, ni hacer simulacros de supervisión.
El Doctor Simi no tiene que salir a pararse el cuello en ninguna de sus farmacias, porque nosotros, el pueblo de a pie, somos los que entramos todos los días y sabemos perfectamente la verdad:
¡en las farmacias del Doctor Simi sí hay de todas las medicinas!
Ahí no se necesita una comitiva presidencial para que aparezcan las medicinas milagrosamente. En sus mostradores no se manejan pantallas verdes, ni discursos ensayados, ni promesas para el próximo sexenio.
En esas farmacias de barrio no hay circos, no hay simulaciones ni hay faramallas gubernamentales; lo que hay es salud inmediata, calidez y la cruda realidad para este gobierno, de un servicio que sí funciona.
Contemplen la humilde grandeza del Dr. Simi. Él no necesitó expropiar terrenos, ni armar fideicomisos, ni pedirle permiso al Congreso.
Con una botarga bailadora en la entrada, un peluche que ya es patrimonio cultural y un consultorio de a 50 pesitos al lado de la tiendita de la esquina, ha hecho por el pueblo de México que los discursos gubernamentales no pudieron o no quisieron hacer con todo el billete de la Secretaría de Hacienda.
Hagamos memoria, que no se nos olvide la prueba de fuego. ¿Se acuerdan de la pandemia? Aquellos días de terror donde el gobierno nos decía que nos defendiéramos con estampitas, amuletos y abrazos, mientras escondían los números debajo de la alfombra.
Pregúntense bien: ¿qué hubiera sido de este país sin las Farmacias Similares durante el bicho? Sin sus cubrebocas baratos, sin sus asesorías exprés y sin esos médicos de barrio que nunca bajaron la cortina metálica, la tragedia nacional no habría sido un bache, ¡habría sido más letal!
Habríamos tenido cuatro o cinco veces más altares con fotos de nuestros mu***os, porque mientras las autoridades federales improvisaban conferencias de prensa a las siete de la noche, el Dr. Simi ya te estaba midiendo la oxigenación en la esquina de tu casa.
Por eso les digo que la imagen que ven no es un chiste, ni un meme, ni una exageración de caricaturista.
¡Es la radiografía exacta de la realidad mexicana!
Es el monumento a un país que aprendió a sobrevivir gracias al ingenio privado porque el sector público lo dejó en el abandono.
Como dicen los letreros de la gente que lo aclama en el fondo: ¡El Dr. Simi es el verdadero compa, el auténtico sustento del tejido social! Más que una cadena de farmacias, ha sido el tanque de oxígeno de nuestras familias.
Así que hoy, desde Tijuana hasta Cancún, pasando por los pueblos más olvidados de la sierra y de Campeche, tenemos que gritarlo con el orgullo de los que sobrevivieron a punta de genéricos:
¡Gracias, Doctor Simi!
* Gracias por salvarnos el pellejo cuando las instituciones oficiales jugaban a las estadísticas.
* Gracias por cobrar barato y atender con una sonrisa a los que no tienen ni para el camión.
* Gracias por dar la cara y poner el pecho cuando el Palacio Nacional cerraba las puertas para no ver la realidad.
* Gracias por demostrarnos con estantes llenos, y no con los paseos mediáticos de Claudia en clínicas vacías, que para curar a un pueblo no se necesitan rollos mareadores sobre Copenhague ni giras de relaciones públicas; se necesita tantita vergüenza, verdadera vocación y un poquito de cariño por la gente.
¡Que resuene en los pasillos vacíos de palacio Nacional y en los hospitales sin luz!
¡Muchísimas gracias, mi buen Doctor Simi!