27/08/2026
El papel del odontólogo en la detección de enfermedades sistémicas: cuando una consulta dental cambia la historia de un paciente: Por el Dr. Luis Ángel Rivera Herrera.
Me gustaría mucho poderles platicar de un caso que tuve en la consulta esta semana.
Se trata de una paciente de 50 años de edad. Joven todavía… al menos para mí.
Llegó a consulta por dolor en una muela y porque, según refería, desde hacía algún tiempo había comenzado a notar movilidad en ese órgano dental.
A primera vista, parecía una consulta odontológica más.
Una muela con dolor.
Una infección.
Una paciente que necesitaba tratamiento.
Pero hicimos algo que, aunque debería ser fundamental en cualquier consulta de un profesional de la salud, en ocasiones se deja pasar por alto: una historia clínica completa.
Y quiero detenerme aquí.
Porque la historia clínica no es un trámite. No es simplemente llenar una hoja antes de comenzar a trabajar.
La historia clínica es una herramienta diagnóstica.
Nos habla de nuestro paciente, de sus antecedentes, de sus enfermedades, de sus medicamentos, de sus hábitos y de los factores que pueden estar modificando su estado de salud.
Y junto con ella, algo tan sencillo como la toma de signos vitales puede cambiar completamente nuestra percepción de un caso.
Durante la consulta pudimos identificar que la paciente presentaba obesidad y cifras elevadas de presión arterial.
Pero al continuar interrogándola aparecieron otros datos.
Poliuria.
Polidipsia.
Polifagia.
En ese momento comenzaron a encenderse las primeras red flags.
No porque esos síntomas fueran suficientes para decirle a una paciente: “usted tiene diabetes”.
Eso sería clínicamente irresponsable.
Pero sí eran suficientes para decir:
“Aquí hay algo que tenemos que investigar”.
Entonces realizamos la exploración de la cavidad oral.
La paciente presentaba enfermedad periodontal generalizada, con inflamación, pérdida de soporte periodontal y múltiples zonas afectadas. Posteriormente, mediante el estudio radiográfico, pudimos corroborar la presencia de un absceso periodontal.
Y nuevamente apareció una pregunta:
¿Qué está pasando con esta paciente?
Porque una cosa es encontrar una infección y tratarla.
Y otra muy diferente es preguntarnos por qué esa infección está ocurriendo en ese contexto y qué factores sistémicos pueden estar influyendo en la evolución de la enfermedad.
La literatura reconoce que la diabetes puede asociarse con manifestaciones orales como mayor frecuencia y severidad de infecciones, alteraciones de la cicatrización, xerostomía, candidiasis y enfermedad periodontal. Por eso, la historia clínica, los signos vitales y la exploración oral forman parte de una valoración odontológica que puede levantar sospechas sobre problemas sistémicos. (Ada)
Por eso decidimos no quedarnos únicamente con el diagnóstico odontológico.
Tratamos el proceso infeccioso, pero además solicitamos estudios complementarios.
Y entonces llegaron los resultados.
Aquí es donde el caso dejó de ser solamente una consulta por una muela.
Los estudios mostraron las siguientes cifras:
La glucosa se encontraba en 320 mg/dL.
La hemoglobina glucosilada fue de 8.75 %
Colesterol 228 mg/dL
Triglicéridos 180 mg/dL
Y entonces tuvimos que hacer algo que pocas veces nos enseñan en la universidad:
sentarnos frente a una persona y comunicarle una noticia que puede cambiar su vida.
Porque una cosa es interpretar un resultado en una hoja de laboratorio.
Y otra muy distinta es mirar a una paciente a los ojos y decirle:
“Encontramos algo que necesita atención médica.”
No podemos decirle:
“Usted tiene diabetes porque su glucosa salió elevada”.
Tenemos que saber qué significa cada resultado, cuáles son los criterios diagnósticos y cuándo es necesario confirmar un diagnóstico. Las recomendaciones actuales de la American Diabetes Association establecen que, salvo situaciones de hiperglucemia inequívoca, el diagnóstico requiere confirmación mediante pruebas apropiadas. (Diabetes Journals)
Pero tampoco podemos minimizar lo que estamos viendo.
Entonces viene una de las partes más difíciles de nuestra profesión:
¿Cómo se lo decimos al paciente?
Y aquí quiero ser muy honesto.
A mí nadie me enseñó realmente cómo hacerlo.
Nos enseñaron anatomía.
Nos enseñaron fisiología.
Nos enseñaron farmacología.
Nos enseñaron a diagnosticar caries, periodontitis, lesiones, infecciones.
Aprendimos a anestesiar, a extraer, a restaurar y a tratar.
Pero pocas veces nos enseñaron cómo comunicar una noticia que puede generar miedo, incertidumbre o incluso negación en nuestro paciente.
Porque detrás de un resultado de laboratorio hay una persona.
Una persona que quizá nunca había considerado que pudiera tener diabetes.
Una persona que puede pensar inmediatamente en medicamentos, insulina, complicaciones, cambios en su alimentación o en todo aquello que ha escuchado durante años sobre esta enfermedad.
Por eso creo que el papel del odontólogo no termina cuando identificamos una posible enfermedad sistémica.
También tenemos una responsabilidad en la manera en que comunicamos nuestra sospecha y orientamos al paciente.
No se trata de asustarlo.
No se trata de jugar a ser el médico.
No se trata de hacer un diagnóstico que no nos corresponde.
Se trata de decirle:
“Hay algunos datos en su historia clínica, en su exploración y en sus estudios que me preocupan. No quiero alarmarla, pero sí considero importante que sea valorada por un médico para determinar exactamente qué está ocurriendo y, si se confirma alguna enfermedad, iniciar tratamiento oportunamente.”
Y quizá esa conversación sea una de las intervenciones más importantes que podamos hacer en una consulta odontológica.
Porque esa paciente llegó por una muela.
Pero quizá esa muela terminó siendo la puerta de entrada para descubrir algo que estaba ocurriendo en todo su organismo.
Y eso me lleva a una reflexión:
¿Cuántos pacientes llegan a nuestros consultorios buscando solamente tratamiento para un diente, cuando en realidad necesitan que alguien mire un poco más allá?
La boca no está separada del resto del organismo.
Y nosotros, como odontólogos, tampoco deberíamos estar separados del resto del equipo de salud.
Nuestro trabajo no consiste únicamente en reparar dientes.
También consiste en observar, identificar, sospechar, orientar y referir.
Porque algunas veces el paciente no llega al consultorio diciendo:
“Doctor, creo que tengo diabetes”.
Llega diciendo:
“Doctor, me duele una muela”.
Y depende de nosotros decidir si solamente vamos a atender esa muela…
o si vamos a escuchar todo lo que el paciente nos está diciendo.