08/07/2026
Cuarenta minutos. Eso fue lo que tardo Zoraida en volver por Saray al paradero.
Y la niña no lloro sola ni un minuto.
Cuenta don Eugenio, que tiene la tienda justo frente al paradero, que a esa hora ya conoce a Chuzo de memoria, ese perro callejero que duerme ahi mismo desde hace años y que todo el mundo del sector ya adopto sin adoptarlo del todo.
Saray se bajo del bus escolar en su parada de siempre, pero esa tarde Zoraida se quedo varada en un tranque y no llego a tiempo.
Chuzo se le acerco de una.
Se sento pegado a su pierna, sin ladrar, sin moverse, dejando que la niña le agarrara la oreja de los nervios. Saray no dijo nada. Solo lo abrazo duro. Chuzo aguanto quieto, quietico, sin quitarle los ojos de encima a la calle.
Cuando Zoraida por fin llego corriendo, con el corazon en la boca, encontro a su hija sentada tranquila, con un perro flaco pegado al costado como si lo hubieran puesto ahi a proposito.
Don Eugenio, que vio todo desde la puerta de la tienda, no dijo mas que esto, ese perro tiene mas responsabilidad que medio barrio junto.