04/09/2026
Una de las situaciones que más sorprende a los pacientes es acudir a revisión, mantener una buena rutina de cepillado y descubrir que ha aparecido una nueva caries.
La reacción suele ser siempre la misma: *«Pero si me cepillo los dientes todos los días».*
Y la realidad es que la caries no depende únicamente del cepillado. 🦷 Es una enfermedad multifactorial en la que intervienen las bacterias, la alimentación, la saliva, la frecuencia de ingesta y el tiempo de exposición.
Uno de los factores clave es precisamente **cuántas veces al día exponemos los dientes a azúcares o hidratos de carbono fermentables**. Cada ingesta provoca una bajada del pH oral y, si estos episodios se repiten constantemente, el esmalte tiene menos tiempo para recuperarse.
🍪 Por eso, muchas veces no importa solo cuánto azúcar consumes, sino **con qué frecuencia**. Picar continuamente entre horas puede ser más perjudicial para el esmalte que tomar un alimento dulce de forma puntual dentro de una comida.
También influyen la microbiota oral y la saliva. No todas las personas tienen la misma composición bacteriana ni la misma capacidad de neutralizar ácidos y proteger el esmalte. Cuando la producción de saliva disminuye, el riesgo de caries aumenta incluso con una higiene correcta.
😬 Y hay algo más: el cepillo no llega a todas partes. Los espacios interdentales son zonas frecuentes de aparición de lesiones, especialmente cuando no se utiliza seda dental o cepillos interproximales.
Por eso, prevenir la caries no consiste únicamente en cepillarse mejor. **Consiste en entender qué está ocurriendo en la boca de cada paciente y actuar sobre todos los factores de riesgo.**
Porque la pregunta no siempre es cuánto te cepillas.
A veces, la pregunta correcta es: **¿qué está ocurriendo en tu boca durante las otras 23 horas del día?**