29/07/2026
El crecimiento de la boca y de los huesos de la cara no depende únicamente de la genética. La forma en que respiramos durante la infancia también puede influir en su desarrollo.
Cuando la respiración es principalmente nasal, la lengua puede descansar en el paladar y la musculatura orofacial trabaja de forma más equilibrada. Esto favorece un desarrollo armónico del maxilar y de las estructuras faciales.
En cambio, cuando la respiración oral se mantiene de forma habitual, la posición de la lengua, los labios y la mandíbula cambia para adaptarse. Con el tiempo, estas adaptaciones pueden influir en el crecimiento facial, favoreciendo un patrón más vertical, un paladar más estrecho o alteraciones en la mordida.
Por eso, en nuestra clínica no observamos únicamente los dientes. También valoramos la función, la respiración y el desarrollo de cada paciente para comprender el origen de muchos problemas y ofrecer un tratamiento adaptado a sus necesidades.
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