29/05/2026
📋 Un caso que demuestra la importancia de la planificación en prótesis total.
En 2013 realizamos para este paciente una prótesis completa superior e inferior.
Por las circunstancias particulares del caso, y al residir a unos 30 kilómetros de nuestra clínica, el contacto durante estos años ha sido mínimo: revisiones periódicas, algún rebase y, si no recuerdo mal, una única compostura.
Ahora, más de una década después, llega el momento de renovar ambas prótesis.
El protocolo de trabajo sigue siendo el mismo que aplicamos desde hace años: recopilar toda la información posible de las prótesis que ha llevado el paciente, trasladarla al articulador y realizar un estudio metódico de las relaciones maxilares antes de tomar cualquier decisión.
Uno de los errores más frecuentes en este tipo de rehabilitaciones es asumir que la nueva prótesis debe ser una copia exacta de la anterior. Después de 11 años, los tejidos han cambiado, la función ha cambiado y las relaciones maxilares también pueden haber evolucionado.
Las prótesis antiguas nos aportan información muy valiosa, pero no deben condicionar el diagnóstico.
En este caso, el análisis realizado nos permitió corregir una relación de mordida en Clase III presente en las prótesis que el paciente había llevado durante años.
Ese es precisamente el valor de un protocolo: no limitarse a reproducir lo existente, sino analizar, comprender y mejorar aquello que puede optimizar la función y la adaptación del paciente.
A día de hoy, la evolución es satisfactoria y el paciente continúa sin incidencias.
Porque en prótesis total, la experiencia aporta respuestas, pero son el método y el análisis los que permiten seguir mejorando los resultados.