Centro Odontológico Molini Menchón

Centro Odontológico Molini Menchón Clínica Dental Drs. Molini y Menchón Profesionalidad, familiaridad y pasión por la profesión.

Ubicada en Santa Cruz de Tenerife, ofrece los servicios de implantología dental, cirugía maxilofacial, endodoncia, prótesis, periodoncia, odontopediatría, odontología estética, restauradora y oclusión.

02/06/2020

Como arrecian las noticias relacionadas con los guantes voy a hacer un breve repaso de titulares de la prensa nacional, que no se contraponen a lo que expresan medios internacionales.
“Es cierto que hay un problema global por la alta demanda, nos han dicho que la materia prima está en Malasia y se ha abierto una subasta de precios."
“Fiscalía detecta falta de guantes en algunas residencias y pide "estar preparados" ante posibles rebrotes”, “ Alerta roja en las autonomías por la escasez de guantes.” “El mundo podría quedarse pronto sin guantes por cese de fábricas.”, “Tarragona se queda sin guantes por la falta de stock en toda España.” “No va a haber guantes hasta noviembre.” “La OMS alertó sobre la escasez de barbijos y guantes contra el coronavirus.”
Así, en letras de molde, se suceden las alarmas, pero lo sorprendente es que todos los periódicos se limiten a plasmar lo que dictan políticos, empresarios o gestores, y luego concluyen copiándose unos a otros.
¿Costaría mucho iniciar una investigación con fundamento acerca de lo que realmente pasa, si es verdad lo de la materia prima, si es verdad lo de la producción, si es verdad el aumento de los costos de los envíos, porque es mentira que no haya guantes, guantes sí que hay, pero cuestan 5 veces más que antes.

29/05/2020

Continuando con la serie de los abusos -de la amistad y de los otros- recibo un presupuesto para la instalación de una fábrica de guantes que me envía otro amigo, empresario del sector sanitario.
Parece que los ecos de la especulación están removiendo conciencias y empieza a haber gente interesada en ponerle fin. ¡Me alegro!
Tengo frente a mi copia del documento, donde se pormenoriza el costo de la instalación, dotada de secadores, compresores, moldes de porcelana, esterilizadora, termómetros, empaquetadoras, tanques de vulcanización, en fin, de todo lo necesario para fabricar 8000 piezas a la hora.
Al final, cuando concluyen las especificaciones, el autor del proyecto, chino, incorpora una cifra que ronda los 600.000 dólares.
No es que sea muy rápido para los números, pero mi limitado talento me permite hacer algunas cuentas simples.
Si dividimos 600.000 por 0,03 (3céntimos), que era el precio por unidad que tenían los guantes antes de la pandemia, nos da 20.000.000, número que representarían las piezas necesarias a fabricarse para amortizar las maquinarias.
Si a esa cantidad de 20 millones la dividimos por 64000, que son los guantes que se podrían fabricar en una jornada de 8 horas, nos sale un resultado de 312,5 que serían los días hábiles necesarios para que el capital ya estuviese libre de polvo y deudas.
Ya sé que mis cuentas son muy parecidas a las que hacía la lechera, que hay que agregarle más costos por insumos, en fin, cincuenta cosas más, pero sí nos sirve para reflexionar.
Primero: no se encuentra una explicación plausible para justificar que algo fundamental, que antes costaba 3 céntimos, pase a costar 14 céntimos, un incremento del 400%, todo un récord de pandemia.
Segundo, ¿es normal que la economía de nuestro país, de nuestras comunidades, no permitan tener una instalación de este tipo? No estamos hablando de nada tremendamente valioso o sofisticado, no parece lógico que debamos depender siempre de avaros sin conciencia.
¡Y a ver si acabo ya con este tema, que me está dando demasiados disgustos!

28/05/2020

Empeñado como estoy en desbaratar argumentos de quienes justifican el aumento de precio de los materiales de prevención, no se me ocurre nada mejor que llamar a un amigo.
La sabiduría popular asegura que quien tiene un amigo tiene un tesoro, no agrega nada relacionado con los excesos, de allí que esté preocupado por la decisión, ya que en ocasiones abuso de la amistad.
Vamos a ver como resulta esta una nueva prueba de atrevimiento.
“Buenos días Manuel, me dijeron que los envíos de insumos médicos desde Asia están bloqueados hasta abril de 2021, que las grandes empresas, ante la escasez, han cerrado importaciones y contratados casi todos los envíos de las navieras.
También que los fletes han aumentado y que por eso los guantes, por ejemplo, que vienen desde China o Malasia, cuestan tres veces más caros. ¿Es posible que eso sea cierto?”
Manuel Sierra Bethencourt, director de Logicargo en Tenerife, empresa dedicada a soluciones integrales de transporte, logística, aduana, con más paciencia que el Job bíblico, me respondió:
“Existe una línea regular de barcos con Extremo Oriente que funciona todas las semanas, así que eso de que las navieras están cogidas no es cierto. Traer un contenedor desde China hoy es más barato que en diciembre o marzo pasado, de hecho es más caro traer uno de Brasil.”
También me explicó aspectos sobre el tamaño de los contenedores, la cantidad de guantes que cabrían en uno de 20 pies o en otro 40 pies, el recargo por combustible ecológico que se suspendió etc, para concluir que, en el peor de los casos, el sobrecosto podría incrementarse en céntimos, nunca el doble, el triple o más.
Recibí una clase de palets y de tarifas, y cada cosa con la que me ilustraba contradecía más las tesis de la culpa del transporte para explicar los precios escandalosos.
Generoso y pedagógico no me mandó a pasear antes de despedirse, por el contrario, se ofreció para allanar cualquier otra duda, demostrando que el refrán, en aquello que se refiere al tesoro, no es mentira.
Sabemos, de momento, que la fábrica Top Glove aumentó los precios en origen, que las navieras no lo hicieron y ahora nos falta averiguar el comportamiento de los brockers o como se llamen las multinacionales que acaparan, si es que lo hacen.
No es decente la revalorización de un producto tan necesario, alguien tiene que tener la culpa y debería cargar con las consecuencias.
Por eso es lamentable que los gobiernos no dispongan de ningún departamento para investigar, limitándose las administraciones a competir entre ellas para ver quien consigue el material, les pidan lo que les pidan, fastidiándose mutuamente.
El mercado no puede ser eso, el sistema tampoco.

27/05/2020

Ayer prometí hablar de una empresa local que, a diferencia de otras que destacan por su avaricia extrema, están haciendo las cosas de manera diferente, con responsabilidad social, con deseos de perpetuar en el tiempo una trayectoria comercial marcada por la tradición familiar y la ética.
Pero antes de ello debería remontarme a 1981, año en que colaboraba -recién llegado de la República Argentina – en la clínica de un excelente médico y excelente persona: Don Jaime Ferraz Pérez.
Eso era por las tardes, pues las mañanas las ocupaba en el Servicio de Cirugía Maxilo-Facial de la Residencia Sanitaria Virgen de la Candelaria.
Cuando estaba concluyendo aquel año y el horizonte profesional se abría a una nueva perspectiva, todos los colegas, en ambos lugares, me aconsejaron: “Tienes que hablar con Manolito Kavo”,
Tanto me lo repitieron que, cuando nos vimos por primera vez, ya me parecía conocer a Manolito Kavo, cuyo nombre no era ese sino Manuel Fernández.
Mi ignorancia de inmigrante todavía no era capaz de advertir la gracia isleña, todos los compañeros lo llamaban “Kavo” por ser ese el nombre de la marca de instrumentos que representaba.
Cuando estábamos a punto de alquilar el piso que sería luego nuestra consulta de la calle Álvarez de Lugo, Manuel Fernández acudió en nuestro auxilio, primero para saber si las instalaciones podrían ser adecuadas para nuestros fines y luego para proveernos de todos los elementos y maquinarias necesarias para el ejercicio profesional.
Desde el año 1981 hasta el día de su fallecimiento mantuvo inalterable su competencia, sonrisa y ganas de ayudar, y nuestra relación, que comenzó siendo comercial, concluyó siendo de mutuo afecto.
Una palabra suya valía más que un contrato firmado, y teníamos que hacer verdaderos esfuerzos para no defraudar su confianza, cosa que, creo, al final conseguimos.
Manuel Fernández fue evolucionado gracias a la incorporación de hijos y nietos al emprendimiento, que se mantuvo familiar y hoy se llama Malidente SLU.
No obstante, todos sabemos que siguen siendo los mismos, porque sus hijos, además de heredar el apellido también heredaron las formas de trabajar.
Y ahora, por fin, llega la parte sustancial de esta entrada larga pero sentida.
Manuel Fernández, quien fuera mi amigo, debe sentirse orgulloso, allí donde esté, de sus descendientes. El negocio que continuó su familia sigue sin mirar el beneficio inmediato ni las rentas exageradas, por tentadoras que éstas fueran.
El negocio que continuó su familia sigue siendo alérgico a la especulación, a las prácticas abusivas, a la trampa, por eso hoy ya no tiene guantes, los vendió todos al precio de siempre, de antes de la pandemia.
A ver si se entera Lim Wee Chai, presidente de Top Glove. A pesar del dinero y los títulos que mostramos ayer, parece tener menos honores que no se puedan comprar.

26/05/2020

Ayer hablábamos de Lim Wee Chai, presidente de Top Glove Corporation, empresa que cotiza en las Bolsas de Malasia y Singapur.
La capitalización de su empresa en el mercado, antes de la desesperación propiciada por la pandemia, era de 3 mil millones de dólares.
Los datos, ofrecidos por la propia corporación, nos permiten hacer un pequeño cálculo aritmético.
Si tenemos en cuenta el precio de la acción en aquella época y el valor actual, prácticamente 3 veces más, podremos colegir la multiplicación de la fortuna del empresario.
En el mes de marzo pasado, Lim Wee Chai asomó a los medios de comunicación de casi todo el mundo para explicar que “en los próximos meses la demanda de guantes sería excepcional y que para hacer frente a los pedidos la compañía estaba ajustando sus tiempos de entrega, aumentándolos de 30 a 150 días.”
Las noticias también ilustraban que dicha demanda les estaba obligando a reclutar más trabajadores.
En consecuencia, además de los ya habituales en plantilla, de nacionalidad nepalíes, debían sumarse otros, malasios, cuyos sueldos serían más altos, lo que a la postre incrementaría el precio del producto.
No sé si él, pero otros tan importantes como él, explicaban que “... el motivo de la subida de los precios es por el encarecimiento de la materia prima motivada por la escasez ... “
Aunque entiendo la revalorización de las acciones no entiendo la gran subida de los precios en origen de los guantes, porque materia prima no le debe faltar.
Lim Wee Chai, tiene en su página oficial una lista de honores que encandilan: jefe de esto, asesor honorario de aquello, miembro de honor, miembro de la junta de un montón de fondos, presidente no ejecutivo de otras corporaciones, premiado con distintos grados a la excelencia profesional, a la excelencia de liderazgo, al líder ejemplar, y al de empresario influyente.
Decía que materia prima no le debe faltar, los padres del fundador de Top Glove son propietarios de plantaciones de caucho y poderosos comerciantes de esos insumos .
Tampoco creo que los sueldos a los nuevos empleados justifiquen el dramático aumento de precio de los guantes terminados.
El mantra de Don Lim sigue siendo “El trabajo es nuestro pasatiempo, el ejercicio es nuestro deber, la salud es nuestra riqueza.”
A ver si alguien le convence -si se demuestra que aumentó los precios artificialmente- que la riqueza de su salud será una enfermedad cuando nadie, nunca más, compre un ma***to par de guante salido de sus fábricas.
Mañana, si nada lo impide, voy a hablar de una empresa local que está haciendo las cosas de otra manera, mejor, completamente distinta. Eso sí, no cotiza en bolsa.

25/05/2020

A finales de marzo, principios de abril, con la pandemia ya instalada, un proveedor de nuestro centro nos comentaba el modelo de negociación que mantenía con las empresas que le suministraban materiales de prevención.
“Fíjese como cambiaron las cosas”, nos decía, “antes pactábamos con el fabricante el precio, por ejemplo, de un contenedor de guantes y abonábamos el pedido cuando la mercancía llegaba al puerto. Todo el procedimiento tardaba un mes y nos costaba, digamos una cifra cualquiera, 10.
Hoy llamamos al mismo señor, de la misma empresa de toda la vida y nos dice, seriamente, que en vez de 10 el producto sale 50 o 60 o 100, que hay que pagarlo por anticipado y que el plazo de entrega será para julio o agosto, eso con suerte.”
No daba crédito a lo que escuchaba, “Sí señor, el mismo proveedor de China o Malasia, trabajamos con ellos desde hace año y nos dicen eso.”
Me parecía una política de precios insostenible, que no podría mantenerse en el tiempo, que la cordura llegaría al mercado, que las virtudes morales desplazarían a los aprovechados, en fin, que la misericordia ante la necesidad y el dolor haría acto de aparición.
Me equivoqué, por eso llevo varios días dándole vueltas al asunto. De tal modo llegué hasta Lim Wee Chai, Presidente Ejecutivo y fundador de Top Glove Corporation, el mayor fabricante mundial de guantes, que -según datos de la propia empresa- opera 43 fábricas en Malasia, Tailandia y China, un total de 687 líneas capaz de producir 70,5 mil millones de piezas por año, ¡70.500.000.000!
Don Lim es dueño de 1 de cada 4 guantes que se fabrican en el mundo. Su fortuna, que era mucha, ahora es mucho más que mucha.
El lema de su corporación es: “El trabajo es nuestro pasatiempo, el ejercicio es nuestro deber, la salud es nuestra riqueza.”
Me gustaría averiguar cuánto de cierto es que la salud sea su riqueza.

23/05/2020

Muchas veces creemos que somos nosotros quienes elegimos a los medios para comunicarnos, ignorando que suelen ser ellos, los medios, quienes nos han elegido previamente.
De allí que los objetivos que inspiran a quien elige el medio puede ser completamente distinto al objetivo que persigue el medio elegido.
Voy a intentar explicar este galimatías.
Ayer, de forma quizás atrevida, concluí: “De un lado están los que cumplen las normas de prevención, y del mismo lado los pelotudos que no entendieron que deberían cumplirlas.”
Facebook, inmediatamente, comenzó a mandar el mismo y reiterado anuncio con que devuelve lo que escribo en su página.
“Consigue más Me gusta, comentarios y contenido compartido. Esta publicación tiene un mejor rendimiento que el 90 % de otras publicaciones de tu página. Promociónala para seguir obteniendo resultados excelentes.”
Todos los días la misma cantinela, está claro que no perseguimos lo mismo.

22/05/2020

Hace años, en un muro de la ciudad de Rosario de Santa Fe (República Argentina), cerca de la antigua estación de ferrocarril Rosario Norte, tropecé con una pintada que todavía festejo como algo recordable.
“El mundo se divide en 2, de un lado los inteligentes y del mismo lado los pelotudos que no entendieron que van del otro lado.”
Para la RAE el término “pelotudo” es un adjetivo de uso coloquial, vulgar, y su uso, extendido en aquel país, define lo que seguramente pensaba de ellos el redactor del grafitti: “Lerdo, parsimonioso, irresponsable.”
Pues bien, creo que lo que acabo de exponer encaja perfectamente bien lo que estamos padeciendo en esta época de confinamiento / desconfinamiento.
De un lado están los que cumplen las normas de prevención, y del mismo lado los pelotudos que no entendieron que deberían cumplirlas.

21/05/2020

Hace unos meses, cuando se anunció que estaba llegando una pandemia proveniente de Wuhan y su posterior réplica en el norte de Italia, el afán previsor y temeroso de la gente “arrambló” en España con todo el papel higiénico posible, alcoholes, geles desinfectantes, agua oxigenada y más cosas.
En ese momento, ante la inexistencia de esos productos, despertó en mi una antigua vocación industrial, que me obligó a ir a un establecimiento para comprar dosificadores, que también estaban agotados.
No obstante, en una tienda, de esas que tienen de todo, y todo de calidad “regulera”, conseguimos un par de ellos.
Cuando ya contenían un precioso “elixir” antiséptico, fabricado con existencias de mercado alternativas a la glicerina, como por ejemplo aloé vera puro, gel demaquillante y cosas por el estilo, comprobé, con estupor, que el “vaso dosificador de jabón / soap dispenser / seifenspender / doseaor de sabaô” era una auténtica porquería.
Se sustentaba con dificultad, derramaba su contenido, se destapaba, en fin, más que un accesorio para la ayuda parecía un artilugio provocador.
Todavía no estábamos confinados cuando lo desconfiné.
En un rapto de enajenación transitoria puse en otro lugar su contenido, lo lavé bien, descarté con malos modos la bomba que estaba trabada, y le di un nuevo destino al contenedor de plástico, dejándolo desprovisto del supuesto uso para el que estaba diseñado convirtiéndolo en un simple vaso.
Debutó en su nuevo cometido provocando alarma, en un principio muchos pensaron que me había vuelto loco y estaba tomando gel alcohólico.
Cada mañana, cuando me regalo un buen vaso de agua fría, elijo mi vaso desconfinado como si estuviese brindando al estilo Trump, que todavía sigue elucubrando la forma de administrarse antisépticos o luz ultravioleta por vía digestiva.

20/05/2020

El consenso científico internacional asegura que no existen evidencias razonables para tomar hidroxicloroquina, por eso nadie la recomienda como medicamento para prevenir la infección por coronavirus.
Los médicos aseguran que la automedicación es una práctica nefasta, no sólo para la salud propia sino también para la salud pública, propicia dependencias, resistencias y derroches de recursos.
La OMS y los centros hospitalarios aconsejan reservar ciertos medicamentos, uno de ellos es la hidroxicloroquina, para las pacientes ingresados, graves. Se los considera un recurso relativamente limitado, necesario para tratar otras enfermedades y como todos los remedios, no es inocuo.
No obstante lo dicho, el señor Donald Trump, presidente del país más importante del orbe, declara que desde hace más de una semana toma cloroquina y un suplemento de zinc.
La evidencia que lo asiste: “Me llegan muchas llamadas positivas”, “Hasta ahora parece que está bien”.
Esperemos que sus admiradores, que los tiene y muchos, sean más sensatos. ¡Ay Señor de la cañita!

19/05/2020

Faltar el respeto siempre tiene un costo. Aunque la mayoría de las veces concluye en acaloramientos o intercambios de palabras, en otras ocasiones las consecuencias pueden ser peores y proporcionales al poder del ofendido.
En estos días, desgraciadamente, da la impresión de que empezamos a perder el miedo y el respeto al coronavirus.
No hace falta ser un gran observador para constatarlo, como tampoco para sentenciar que eso no puede ser bueno ni inteligente.
Todavía es momento de unidad, de distancias, de mascarillas en su sitio, de acatar normas, no de excesos ni manifestaciones.
Ya llegarán los tiempos de reclamos, críticas y rendición de cuentas, de fiestas y reuniones aquí y allá, cuando el ma***to contagiador pierda facultades y deje de ser una amenaza.

18/05/2020

La directoria de Salud Mental de la OMS revela que “... la situación actual, con aislamiento, miedo, incertidumbre y crisis económica, puede causar trastornos psicológicos”.
No soy experto en salud pública, pero cuando pienso en las posibles consecuencias, presentes y futuras, de los problemas sanitarios, económicos, morales o espirituales, concluyo que deberíamos ser nosotros los responsables de mejorarlos o hacerlos más soportables.
Ofrecer nuestras mejores virtudes, despreciar los malos comportamientos, no atender noticias falsas ni difundirlas, pasar de los que pasan de la pandemia, promocionar acciones nobles, atender a los llamados de solidaridad o las recomendaciones, quizás no arregle el problema, pero nos ayudará a alejarnos -por lo menos un poco- de la tristeza y el pesimismo.
Si la humanidad se diese cuenta de que su acción es más poderosa que todas las máquinas, todos los gobiernos, y todas las armas, ayudando se ayudaría.

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