23/09/2026
En la actualidad es la Universidad de Sevilla, antes fue el edificio más peligroso del país, y no por el tabaco, sino por ellas.
Año 1728, la Corona construye una fortaleza para liar tabaco.
El tabaco en el siglo XVIII es como hoy el petróleo, es el monopolio que paga los ejércitos del Rey, y Felipe V manda construir en Sevilla la Real Fábrica de Tabacos, tarda 42 años, de 1728 a 1770, obra de Sebastián Van der Borcht.
No es una fábrica, es un búnker barroco, foso con agua, garitas, puente levadizo, cárcel dentro, segundo edificio más grande de España después de El Escorial, todo para que no roben ni una hoja de tabaco, porque cada hoja vale oro.
Dentro solo trabajan hombres, hasta 1813.
En el año 1813, el jefe dice: probemos con mujeres.
Parece una decisión económica, lo fue, cobraban la mitad que los hombres, pero pasó algo que nadie esperaba.
Las manos de las mujeres sevillanas liaban mejor, más rápido, más fino, y en 20 años, para 1830, la fábrica ya no es de hombres, es de 5.000 mujeres, en su pico 6.000, la mayor concentración de mujeres obreras de toda Europa en ese momento.
Había nacido la cigarrera.
No era un trabajo, era un matriarcado.
Entran a las 5 de la mañana, tocan las campanas, llegan con sus hijos a cuestas, los meten en cunas improvisadas de esparto al lado de la mesa de liado, porque no hay guardería y no las necesitan.
Se organizan por "ranchos", cada rancho 10-15 mujeres con una "ama de rancho", la más veterana, la que manda, la que defiende.
Y aquí viene lo fuerte:
Cobraban ellas. En 1840 una mujer casada en España no podía tener cuenta en el banco ni firmar un contrato sin permiso del marido, una cigarrera sí, ganaba más que su marido, que un albañil, mantenía la casa, si su marido la maltrataba se iba y podía vivir sola, la primera mujer económicamente independiente de la historia de España nace aquí.
Hacían huelga, si el tabaco venía malo, si les bajaban el sueldo, si un guardia le tocaba el trasero a una compañera, se levantaban las 6.000 a la vez, cerraban la fábrica a golpes, tirando piedras, gritando, en 1830 protagonizan la primera gran huelga femenina documentada en España, 40 años antes que existiera el movimiento obrero organizado.
Los directores las temían, la ciudad las respetaba.
Y entonces Europa se enamoró de ellas.
Llegan los viajeros románticos franceses e ingleses, Mérimée, Gautier, Richard Ford, y ven a una mujer morena, con la navaja en la liga, con el clavel en el pelo, fumando ella misma, contestando, riendo fuerte, libre, y alucinan, eso no existía en París ni en Londres.
De ahí nace Carmen.
Mérimée escribe Carmen en 1845 inspirándose directamente en ellas, y Bizet hace la ópera en 1875, la cigarrera que prefiere morir antes que ser de nadie: "¡Si no me quieres tú, yo tampoco te quiero!", esa frase es literalmente una cigarrera sevillana.
Carmen no es un invento, es el resumen de 6.000 mujeres.
Llega la máquina, el ci******lo industrial mata el puro liado a mano, poco a poco ya no hacen falta dedos, hacen falta botones.
En 1950 se van de su fortaleza, en 1954 entra la Universidad.
Hoy si vas al Rectorado de Sevilla todavía hueles a tabaco en la piedra, y en Semana Santa sale la Hermandad de las Cigarreras, la Virgen de la Victoria, que ellas mismas fundaron en 1563, porque ni siquiera en la fe dejaban que nadie les dijera qué hacer.
Fueron obreras, fueron madres, fueron sindicalistas antes que existieran sindicatos, fueron libres cuando ninguna podía serlo.
Y todo empezó porque alguien pensó que liar tabaco era cosa de mujeres.
📷 Curiosidades universales y algo más Generada por IA