02/06/2026
"Es que tengo las encías delicadas."
No. Las tienes inflamadas.
Una encía sana no sangra. Ni al cepillarse, ni al usar el hilo, ni al morder una manzana. El sangrado no es un rasgo personal ni es genético: es una señal de que algo está pasando bajo la línea de la encía.
Lo que ocurre es esto:
Las bacterias se acumulan en el surco entre el diente y la encía. Si no se eliminan a diario, forman placa, y la placa se mineraliza en sarro. El cuerpo detecta esa colonia bacteriana e inicia una respuesta inflamatoria para defenderse. Por eso la encía se enrojece, se hincha y sangra al mínimo roce.
Esta primera fase se llama gingivitis y es reversible.
El problema aparece cuando no se trata. La inflamación crónica empieza a destruir el hueso que sujeta el diente. Eso ya es periodontitis. Y el hueso perdido no vuelve.
Y casi siempre ocurre sin dolor. Cuando el paciente nota que un diente se mueve, llevamos años de evolución detrás.
Por eso la enfermedad periodontal es la primera causa de pérdida de dientes en adultos en España. Por encima de la caries.
En el blog explicamos qué hay detrás del sangrado, por qué afecta también a la salud cardiovascular y al control de la diabetes, y qué hacer si te pasa.
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