27/08/2026
🔹 Es habitual que un paciente acuda a consulta porque un empaste que llevaba años en boca ha empezado a molestar, se ha fracturado o se ha salido. Y con frecuencia lo interpreta como un fallo puntual: "estaba mal hecho". La realidad clínica es más matizada.
🔹 Ninguna restauración dental es indefinida. Los empastes, tanto los antiguos de amalgama como los actuales de composite, tienen una vida útil limitada. Los estudios estiman una vida media entre siete y quince años, con variaciones según el material, la localización y los hábitos del paciente.
🔹 Con el paso del tiempo se producen cambios en la interfaz entre el diente y el empaste. Los ciclos térmicos generan micromovimientos por diferencias de dilatación. Las fuerzas masticatorias sostenidas producen fatiga estructural. Y las bacterias pueden colonizar el margen si existe filtración, generando caries secundaria.
🔹 Los empastes de amalgama, muy frecuentes en las últimas décadas del siglo pasado, presentan un patrón específico. Con los años se expanden ligeramente dentro del diente, y este contacto continuo produce fisuras en la estructura que rodea la restauración.
🔹 Detectar el desgaste o la filtración antes de que provoque fractura del diente permite reemplazar la restauración con una intervención mínima. Esperar a que el diente se rompa suele implicar un tratamiento más complejo.
🔹 Las revisiones periódicas incluyen la valoración de las restauraciones previas, no solo la búsqueda de nuevas caries.
En Clínica Dental Badia entendemos que un empaste antiguo no es un empaste terminado.
Ninguna restauración es para siempre.
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