28/08/2026
El tabaco, incluso de forma ocasional, daña primero lo que sostiene tus dientes —la encía y el hueso— antes de que se note nada en el esmalte.
El problema es que la nicotina reduce el riego sanguíneo de la encía. Por eso, en un fumador, la encía no sangra ni se ve inflamada como pasaría normalmente. Luce pálida y "tranquila", pero esa calma no es salud, es que la señal de alarma está apagada.
Eso hace que muchos fumadores no noten que algo va mal hasta que ya hay pérdida de hueso, algo que no se recupera después.
Por eso en fumadores no basta con mirar si sangra o no. Hace falta revisar con más profundidad y más seguido.
Si fumas, aunque sea de forma ocasional, una revisión periodontal te dice lo que a simple vista no se ve.
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